LA EDAD ANTIGUA


Lo que puede denominarse Edad Antigua es un período que comienza cuando el uso del Bronce empieza a extenderse a partir del -4000, y concluye con la segunda mayor crisis por la que la humanidad ha pasado tras la habida en el período Neolítico, y que se dio simultáneamente en varias partes del planeta entre los años 200 y 300.

Los cuatro mil años que marcan la duración de esta fase fueron básicos y fundamentales; básicos, porque a lo largo de ellos fueron conformándose los ingredientes que hoy son parte de las dos culturas mayoritarias: la occidental y la oriental; fundamentales, porque en ellos se fueron determinando las zonas preponderantes sobre las que, en las fases siguientes, se han ido construyendo los paises que luego ostentaron el protagonismo mundial.

Desde un punto de vista técnico-cultural, este período queda caracterizado por dos materiales sobre los que se levantaron culturas y se sostuvieron o se hundieron relaciones. Estos dos materiales fueron el Bronce y el Hierro, y ambos dieron nombre a los dos subperíodos a los que caracterizaron.

La Edad del Bronce se extiende entre el -4000 y el -1200, y a lo largo de ella, pero de forma muy rápida, fue substituyéndose el uso de los ya muy elaborados instrumentos de piedra por los fabricados con el nuevo material. El Bronce dio lugar al nacimiento de especializaciones profesionales como la minería y la fundición, contribuyendo a la rápida extensión del material su efectividad para su uso en puntas de lanzas y de flechas. Además, la búsqueda de sus componentes -Cobre y Estaño- puso en movimiento expediciones, lo que impulsó la expansión y la extensión de diferentes culturas del período.

Hacia el -1200 se producen una serie de modificaciones en el dominio territorial debido a unos imperios que declinan y otros que surgen. Este período coincide con las invasiones de los llamados Pueblos del Mar, y puede tomarse como frontera entre la Edad del Bronce y la del Hierro.

Entre el -1200 y el -1100 el uso del Hierro estaba extendido en zonas de Irán, Siria, Palestina y del Sur del Cáucaso aprovechando los yacimientos existentes, desde allí se extendió a Mesopotamia, el Cáucaso, Chipre y Creta. Las ventajas del Hierro sobre el Bronce fueron decisivas para la substitución de éste por aquel y para su expansión. Las áreas que progresivamente van abarcando las Culturas del Hierro son mucho más extensas que las abarcadas por las del Bronce, lo que muestra que la "organización basada en la tecnificación" va ganando terreno a medida que se produce una sofisticación de los elementos utilizados, lo que a su vez da lugar a una mejor estructuración económica.

A pesar de que la Edad Antigua finaliza en el siglo III, la Edad del Hierro continúa hasta el siglo XII, momento en el que tiene lugar un hecho de hondas repercusiones: el inicio de la actividad comercial. En términos poblacionales y a lo largo de los dos primeros milenios de la Edad Antigua, los pueblos integrantes de los grupos Indoeuropeo y Camitosemítico fueron extendiéndose y desarrollándose. Los primeros, fueron en las estepas existentes entre el Dnieper y Kazajstan donde lograron su estructuración entre el -3000 y el -2000 y desde donde se expansionaron por todo el Sureste de Europa y el Occidente de Asia.

Estas sucesivas oleadas, manifestadas en una primera subfase por los Arios, los Hititas y los Aqueos, fueron dando lugar a sucesivas evoluciones y expansiones migratorias, conformando una estructura poblacional-lingüística que fue derivando a lo largo del tiempo en la situación actual, de modo que hoy, en prácticamente toda Europa, América y gran parte de Asia, se usan lenguas derivadas del Indoeuropeo.

También en una primera subfase, los pueblos en que se manifestó el grupo Camitosemita fueron posicionándose: Acadios -Semitas Orientales-, Ugaritas, Cananeos, Moabitas, Arameos y Hebreos -Semitas Occidental del Norte-, y Arabes, Surarábigos y Etiopes -Semitas Occidental del Sur-. En su vertiente africana, sus representantes fueron los Egipcios, Bereberes, los hablantes de las lenguas Cusitas de Somalia y Etiopía con extensión al Sudán y parte de Egipto, y los hablantes de las lenguas Chadianas. Muchos de estos pueblos continuaron influyendo con posterioridad, llegando estas influencias hasta la actualidad.

En el análisis de las primeras civilizaciones que se formaron por la evolución de estos pueblos un hecho destaca remarcando la importancia que la tierra y su explotación tuvieron sobre todo al principio de la Edad Antigua: las primeras civilizaciones nacieron en los valles y alrededores de grandes ríos: Egipto: Nilo, Mesopotamia: Tigris y Eufrates, Harappa: Indo y el primer núcleo de China: Huang o Río Amarillo. Posteriormente, el Mediterráneo, en Occidente, iría sustituyendo la importancia de estos primeros centros.


PROXIMO ORIENTE

Como ya se ha dicho, el análisis lingüístico de las diferentes culturas ha ido permitiendo entrever las vinculaciones y evoluciones a partir de los troncos Indoeuropeo y Camitosemita, sin embargo, la excepción viene representada por la Cultura Sumeria. Procedentes de los valles del Zagros y del corredor sirio, entre el -10000 y el -8000, grupos reducidos habían entrado en la Alta Mesopotamia por el Este y el Oeste; su lengua no tenía afinidad con ninguna otra conocida.

Estos grupos, entre el -8000 y el -7000, van practicando la agricultura y extendiéndose hacia el Sur a donde llegan aproximadamente hacia el -6000 ocupando las marismas de la Baja Mesopotamia. De enormes posibilidades agrícolas, las marismas precisaban, no obstante, de obras de acondicionamiento para distribuir adecuadamente el agua; este hecho, al precisar de abundante mano de obra, fue absolutamente determinante para que se escogiese un modo nuevo de establecimiento de la población: el agrupamiento en grandes aldeas.

A partir de aquí fueron formándose diferentes centros de entre los que destaca la Cultura de El Obeid (-6000 a -3000) -cuna de la Cultura Sumeria- que se impuso en el Sur y que se fue extendiendo a la Alta Mesopotamia a partir del -4000. Los mercaderes jugaron un papel muy activo en esta difusión.

La estructura socioeconómica de Sumer pasó por dos fases hasta la toma del poder por los Acadios. En una primera (-3700 a -3000) -fase de Uruk-, fueron formándose ciudades -cada una con un rey- a partir de grandes aldeas. La cuestión de la propiedad de la tierra fue resuelta asignandosele ésta al Dios de cada ciudad, en consecuencia, el estamento sacerdotal pasó a tener un papel decisivo, ostentando a su vez el rey un poder absoluto. Es en esta fase cuando, debido a las crecientes necesidades de control y administración, tienen lugar descubrimientos básicos: la rueda, el arado y el sello cilíndrico (-3500) y la primera escritura, la cuneiforme (-3200). A lo largo de estos años, el modo urbano fue adoptándose en partes de Anatolia y Siria.

En la segunda fase (-3000 a -2300), fue decrementándose el número de ciudades aunque produciéndose un aumento de su tamaño, a la vez que principian los intentos de cada ciudad para imponerse al resto. Es en este momento cuando se produce la toma del poder por los Acadios.

Los Acadios, gentes semitas originalmente establecidos en la ciudad de Acad -Nordeste de la Baja Mesopotamia-, comenzaron a extenderse hacia el Sur imponiéndose al resto de ciudades e instaurando un imperio sólido al mando de Sargón, y a cuya estabilidad contribuyó la decisión tomada por éste de constituirse en Dios. El Imperio Acadio (-2300 a -2125) mantuvo relaciones con el Valle del Indo a través de los buques que desde este río llegaban al Eufrates.

El hundimiento del Imperio Acadio se produce por los ataques de los Amorritas, escindiéndose la lengua acadia en el -2000 en el asirio y el babilonio que pervivieron hasta el -1000, momento en que ambos comenzaron a ser contaminados por el arameo que se impuso definitivamente en el -500, convirtiéndose el babilonio, no obstante, en la lengua de las relaciones diplomáticas y de los intercambios culturales en todo el Oriente Próximo.

Paralelamente al desarrollo de Sumer, en el Valle del Nilo y hasta la primera catarata, hay ya establecidas diversas culturas en el -4000. Son culturas evolucionadas a partir de diversos grupos que empezaron a concentrarse en el río desde que hacia el -4000 comenzó el proceso de desertización. En el -3200 Namer -Menes- realiza la unificación de los reinos del Alto y Bajo Egipto dando origen a la I Dinastía.

El Imperio Egipcio, independientemente de los períodos de inestabilidad por los que pasó, fue un modelo de estructuración económicoadministrativa. La Epoca Tinita (-3200 a -2778) iniciada por Menes puso en funcionamiento una economía orientada al desarrollo agrícola y ganadero, y en la que se realizaron importantes obras de irrigación. Además, el poder político, administrativo y religioso estaba concentrado en la figura de un faraón de carácter divino.

A lo largo del Imperio Antiguo (-2778 a -2420) se produce una expansión generalizada: desarrollo de relaciones comerciales con la costa más oriental del Mediterráneo, Chipre, Creta y otras islas del Mediterráneo y establecimiento de explotaciones mineras en el Sinaí y en zonas de Mesopotamia; expansión hasta la tercera catarata -Nubia- y expediciones marítimas hasta la Tierra de Punt (Somalia). Es también la época de las grandes pirámides. Pero a la vez fue minándose el poder central al formarse una clase dominante formada por altos funcionarios provinciales y cortesanos que desembocó en un período de inestabilidad y revolución social que llevó a la recesión económica (- 2420 a -2160).

Los siglos próximos al -2000 fueron intensos. Al final del período de inestabilidad sucedido en Egipto y del hundimiento del Imperio Acadio se produce la expansión de los pueblos Indoeuropeos: invasión del Norte de la India por los Arios, comienzo de la estructuración de los Hititas, e invasión por los Aqueos de la Península Helénica. Entre los pueblos Semitas, los Arameos comienzan a penetrar en Mesopotamia y los Hebreos a emigrar desde la parte mesopotámica del desierto sirioárabe a Canaán, donde en su costa Norte los futuros Fenicios comienzan a posicionarse.

También en este tiempo es fundado en Egipto el Imperio Medio (-2160 a -1778) en el que se da un carácter más humano al faraón al adoptar éste la figura de intermediario entre los Dioses y los hombres; a la vez, se produce el desarrollo de una clase acomodada formada por escribas y artesanos, y se produce una penetración en Africa creándose una administración colonial.

El origen de los Hititas es el resultante de una mezcla. Entre el - 3000 y el -2000 llegan a la Anatolia central grupos Indoeuropeos que se mezclan con la población existente en la cuenca del río Halys y ya denominada Hatti. La nueva población resultante de la mezcla hace suyo el nombre originario y adopta la lengua indoeuropea influida por la autóctona entre el -2000 y el -1000, y posteriormente denominada Hitita.

Entre el -1640 y el -1590 se produce su expansión por el Oeste y Suroeste de Anatolia y el Norte de Siria donde algunos reinos establecidos pasaron a ser vasallos suyos, como el indoario de Mitanni o Hurri. Esta expansión tuvo, indirectamente, un efecto fundamental para otro pueblo: los Hebreos. En su progresión, los Hititas fueron desplazando hacia el Sur a grupos que se establecieron en el Noreste del delta del Nilo -los Hicsos-, grupos que se vieron alimentados por nuevos desplazados hasta que ocuparon todo el Bajo Egipto. Los Hebreos fueron uno de los grupos que acompañaron a los Hicsos en su progresión hacia Egipto.

El gran problema de los Hititas radicaba en la carencia de una ley sucesoria, por lo que eran frecuentes las luchas al final de cada reinado. Hacia el -1191 se produce la destrucción del imperio a lo que contribuyeron poderosamente los ataques de los Pueblos del Mar.

Volviendo a la zona de Mesopotamia, los Amorritas que acabaron con el Imperio Acadio, eran un pueblo de agricultores y pastores procedente del corredor sirio, por lo que los efectos de períodos húmedos y secos influían enormemente en su economía. Variaciones en los regímenes de lluvias iniciados en el -2400 les forzaron a emigrar hacia Siria y Mesopotamia adoptando el nomadismo y forzando el hundimiento de las ciudades de Acad (-2200) y Ur (-2100). El resultado de ello fue la partición de Mesopotamia en varios reinos amorritas y el abandono progresivo del nomadismo. La lengua amorrita -semítico occidental- nunca tuvo configuración escrita.

Pero también los Amorritas tomaron otra dirección: en la zona de Fenicia y Palestina surgió la Civilización Cananea que llevó una existencia relativamente tranquila hasta que hacia el -1000 la presión de Arameos y Hebreos redujo la zona cananea a Fenicia. En cualquier caso, la importancia de su lengua fue fundamental al constituir la base de las lenguas hebrea y moabita.

El origen del pueblo Hebreo está en la zona mesopotámica del desierto sirioárabe, desde aquí, y aproximadamente hacia el -2000 comienza su emigración hacia Canaán donde se posiciona. Acompañando a los Hicsos se establecen en Egipto hasta que, tras una guerra de liberación, los egipcios consiguen expulsar a los Hicsos lo que significó para los Hebreos el paso a la servidumbre a partir del -1560.

Hacia el -1250 los Hebreos consiguen salir de Egipto, momento que coincide con el ataque de grupos procedentes del mar Egeo -los Pueblos del Mar- a Egipto en la época del Imperio Nuevo (-1580 a -1085).

Y también por la misma época, los Arameos -Semitas- originarios de regiones aisladas de Siria y dedicados al pastoreo, realizan ataques en toda la zona siriomesopotámica llegando incluso hasta las ciudades fenicias del litoral del Líbano.

Mientras, en el Sur de Mesopotamia, de entre las distintas ciudades-reinos, Babilonia, entre el -1793 y el -1593, consigue la hegemonía tomando los restos de la cultura sumeria de los Acadios y potenciándola. Desarrollaron el comercio y la actividad económica en general, convirtiéndose el babilonio en la lengua mercantil del Oriente Próximo y Medio cercano. Su economía estaba basada en la esclavitud, no teniendo los esclavos ningún derecho al ser éstos equiparables a los animales.

Con Hammurabi (-1793 a -1750) y su Código se instaura un principio de derecho escrito basado en la supremacía del hombre sobre la mujer y los niños, pudiendo ser éstos vendidos por su padre como esclavos.

La irrupción de los Hititas acabó con el poder de Babilonia, lo que dio paso a la instauración de los Casitas, un pueblo mesopotámico de origen desconocido, que ostentó el poder hasta el -1156.

En el Norte de Mesopotamia, la fuerza del reino de Mitanni empezó a decaer hacia el -1370 aún contando con el apoyo Hitita y debido a sus problemas sucesorios. Ello fue aprovechado por la ciudad de Assur para reagrupar al resto de ciudades y crear un reino -Asiria- que fue reforzándose y creciendo hasta alcanzar su época de expansión a partir del -1112, basándose en la invasión por guerra, la masacre y la deportación de las poblaciones de los territorios conquistados, y en la posterior ocupación por colonos asirios.

En Egipto, el Imperio Nuevo representó la época de esplendor. Se manifestó con la expansión en Africa hasta la cuarta catarata del Nilo, y la consolidación en Asia. La administración de estos territorios evolucionó hacia una forma colonial en Africa y hacia el vasallaje con pago de tributos en Asia. Pero a la vez que el Imperio se expandía, el poder de la clase sacerdotal enriquecida por las entregas que de los botines de guerra recibía y la creciente corrupción generada por el poder en aumento de la burocracia, derivó hacia un entorno de conspiraciones que llevó a la existencia de dos reyes distintos.

Los Hebreos, tras su salida de Egipto, llevaron una vida de pastores nómadas en la península del Sinaí. A lo largo de esta etapa se va produciendo su agrupamiento en clanes a los que se unieron otros grupos nómadas de la zona hasta que, entre el -1220 y el -1200, van penetrando en Canaán y estableciéndose. Su asentamiento fue pacífico en unas zonas y guerrero en otras, en el primer caso se les unieron Amorritas previamente instalados.

Como tal, su estructura de gobierno era inexistente ya que respondía a una confederación de los clanes ya formados sin un poder unitario común; únicamente era el vínculo religioso el que mantenía la unión entre los distintos clanes. Esta estructuración tuvo que ser variada entre el -1200 y el -1030 por el peligro que crecientemente fueron representando los Cananeos y las incursiones de los Moabitas, los Edomitas y los Ammonitas establecidos al Este, Sur y Noreste del Mar Muerto. Pero el mayor peligro lo representó la llegada de los Filisteos.

De origen Indoeuropeo y probablemente procedentes del Egeo e integrantes de los Pueblos del Mar, los Filisteos derivaron hacia Palestina al ser frenado su avance por Egipto, expulsando de su zona de establecimiento a los Cananeos y dando nombre al lugar. (Filisteo, en hebreo, es Pelisitim). Su desaparición acontece entre el -800 y el -700.

Todas estas tensiones producidas en la zona de Canaán hacia el -1000, llevaron a una progresiva reducción del territorio de los Fenicios -Cananeos en definitiva- hasta la franja costera del Líbano. De civilización urbana y con una actividad económica de marcada orientación comercial forzada por las necesidades de aprovisionamiento de materiales para su artesanado, el gran logro de los Fenicios radica en la puesta en uso de un alfabeto -antecedente de todos los alfabetos posteriores- hacia el -1700. Su actividad comercial les llevó a la fundación de colonias, como Cartago (en Túnez) independiente entre el -600 y el -500. Estuvieron en buenas relaciones económicas con los Hebreos.

Mientras, en Mesopotamia, los Arameos proceden a la invasión de Asiria y Babilonia hacia el -1100 (que durará hasta alrededor del -880 en Asiria), produciéndose una cierta asimilación en Babilonia con formación de algunos reinos en la parte más meridional. Cuando los Asirios lograron vencer a los Arameos, éstos fueron deportados por aquellos, perdiendo su espíritu nacional; sin embargo impusieron su alfabeto a la escritura cuneiforme a partir del -800, y su lengua en Mesopotamia y Siria, convirtiéndose, posteriormente, en la lengua oficial del Imperio Persa hasta que a partir del siglo VII comenzó a ser desplazada por el árabe.

Por su parte, los Hebreos, al apercibirse de que existían peligros que eran comunes a todos los clanes, un grupo de tribus decide ponerse bajo el mando de un jefe temporal -Juez-; pero la permanencia del peligro les llevó a la elección de un jefe permanente y la constitución de una monarquía unitaria (-1030 a -931), consiguiéndose, en este período, la unidad nacional y el sometimiento de las ciudades cananeas aún independientes, caso de Jerusalén.

Pero las disensiones aparecieron durante el reinado de Salomón, el último rey del período: los incrementos de impuestos para financiar las construcciones que emprendió, unido al favor con que contaba Judá, en el Sur, para ser escogidos entre sus habitantes a los funcionarios reales, llevó a un aumento del descontento y a tensiones entre Judá e Israel hasta producirse la escisión y la constitución de dos reinos: Judá con capital en Jerusalén e Israel con capital en Samaria.

Las consecuencias de la escisión fueron tanto políticas y económicas, como religiosas. Las primeras se manifestaron por las luchas que se entablaron entre ambos reinos y que provocaron un empobrecimiento generalizado. A nivel religioso, la pugna se manifestó en los intentos de ambos para atraer fieles: Israel edificó dos santuarios; además, se produjo la introducción de ritos cananeos.

En esta situación de degradación de los dos reinos es cuando se produce la aparición de los Profetas y la construcción de las lineas maestras del espíritu del Antiguo Testamento: el monoteísmo -una especial doctrina moral que luego será característica del pueblo Hebreo- y un enraizado espíritu nacionalista. En cualquier caso, ello no impidió que en el - 721 Israel fuese invadido por los Asirios y que Judá, más tarde, lo fuese por Babilonia en el -587. Ambos hechos implicaron la deportación masiva de los Hebreos.

En Mesopotamia, la expansión de Asiria fue imparable desde la destrucción de los Arameos: dominación de Babilonia (-728 a -626), expansión en el Norte y conquista de Egipto (-667), pero sus problemas sucesorios y levantamientos sucesivos en Babilonia junto a una alianza de ésta con los Medos llevaron a su destrucción, de modo que en el -609 el Imperio Asirio había desaparecido, quedando su territorio repartido entre Babilonios y Medos y no quedando ni rastro de su pueblo.

La desaparición de Asiria dio paso dos hechos: el inicio del Imperio Medo - Persa, y la expansión del Nuevo Imperio Babilonio bajo una dinastía genuina del Sur (caldea). En su expansión, Babilonia dominó la alta Mesopotamia, Siria y Judá, conociendo un periodo de esplendor entre el -626 y el -539, en el que influyó el restablecimiento del comercio en el Golfo Pérsico. Culturalmente se produjeron notables avances, pero cada vez había un mayor abismo entre la elite cultural, que escribía en sumerio y babilonio, y la población que hablaba el arameo. En el -539, el persa Ciro procede a la anexión de Babilonia al Imperio Persa.

En cuanto a la elite hebrea deportada -artesanos, altos funcionarios- (los pobladores rurales permanecieron en Judá)-, durante la época de la estancia en Babilonia se adaptaron a su nueva situación y prosperaron incrementando a la vez su sentido religioso. Cuando Babilonia fue anexionada por el Imperio Persa, Ciro permitió a los Hebreos el regreso a sus lugares de origen.


ORIENTE MEDIO

Desde el -2000, Indoeuropeos de las estepas cercanas a los mares Caspio y Aral van extendiéndose entre los ríos Tigris e Indo. Lentamente fueron evolucionando hasta que fueron formándose dos reinos: el de los Medos y el de los Persas, englobado éste por aquel a partir del -700. En el -553, Ciro II de Persia se revela instaurando la dinastía Aqueménida que reina sobre el conjunto de los dos reinos. A partir de aquí comienza la expansión de Persia con las conquistas de Babilonia (-539) y Egipto (-525).

En el -521 y por un golpe de estado, una rama colateral de la familia obtiene el poder. Darío I (hasta el -486), abordó una profunda reforma administrativa en el imperio dividiéndolo en veinte provincias -satrapías-, y separando el poder civil -a cargo de un gobernador que se encargaba de la recaudación de impuestos-, y militar -a cargo de un oficial que dependía directamente del rey-. Además, hizo construir una extensa red de carreteras y puso en funcionamiento un servicio de correos reales.

Más hacia el Este, en el valle del Indo, comienzan a desarrollarse, hacia el -4500, los establecimientos allí asentados dando lugar a una cultura muy evolucionada -Civilización de Harappa- entre el - 2500 y el -1500, distribuida entre en Indo, el Mar Arábigo y las primeras estribaciones del Himalaya con un gran desarrollo urbano y agrícola.

Hacia el -1550, y por causas desconocidas, proceden al abandono de las ciudades hundiéndose su cultura a la vez que principia la entrada de los Arios desde el Noroeste a partir del -1500 y una vez conseguida la domesticación del caballo entre el -1800 y el -1700. Los Arios, cuya zona de origen estaba situada al Norte de Irán y próxima al Mar Caspio y desarrollaron un modo de vida basado en el pastoreo de ganado bovino aunque eran conocedores del arado, se establecieron en la zona del Ganges aportando el antecedente de las lenguas hindúes actuales -excepto de las dravídicas del Sur, cuyos usuarios fueron desplazados por los Arios-: el Sanscrito, además de la religión hindú y de la estratificación social en castas. Durante el período de afianzamiento y desarrollo de las adaptaciones de los Arios se produce el nacimiento de Buda (-563 a -483).


EXTREMO ORIENTE

Alrededor del -4000 principia en China el asentamiento de culturas paleolíticas mongoloides en el Norte, y de culturas australasiáticas en el Sur. La evolución de estos grupos llevó a que hacia el -2500 existieran ocho culturas diferenciadas, pero fue el Pueblo Han, asentado en el valle del Río Amarillo, el que hacia el -2000 denotaba una mayor evolución. En el -1800 comienza el uso del Bronce.

La evolución del Pueblo Han llevó a la instauración de la Dinastía Shang o Chang (-1750 a -1050). Origen de la civilización china, la cultura era campesina con existencia de ciudades. La superficie del estado estaba dividida en regiones a cuyo mando había gobernadores con gran independencia, siendo el papel del emperador más religioso que político. A lo largo de estos años se produce la aparición de la escritura, de la porcelana y de la industria del gusano de seda, y va desarrollándose la metalurgia del Bronce y el uso de los carros de guerra. La religión exigía el sacrificio de los prisioneros.

Las tensiones provocadas por la nobleza surgida de entre los conductores de los carros de guerra y de entre los generales, hizo entrar al estado en un período de inestabilidad en el que fue incrementándose la influencia de los Turcos asentados en Mongolia.

En el -1050 se implanta la Dinastía Chu de procedencia Turco-Tibetana evolucionada a partir del dominio que el estado Chu llevó a cabo sobre el resto de pequeños estados. A partir del -1000 nace propiamente la cultura china de la fusión de las culturas Chang y Chu. Se introducen un rígido sentido familiar y la esclavitud, quedan abolidos los sacrificios, y se instauran dos sistemas morales diferenciados: el de los nobles y el del resto del pueblo.

Entre el -771 y el -481, el estado se debilita y se fracciona en pequeños estados en frecuentes guerras entre si; de resultas de ellas, los estados pequeños fueron siendo absorbidos por los más poderosos. En este período se produce el nacimiento de Confucio (-551 a -479) origen de la filosofía oficial de China hasta 1912: el emperador debe ser el centro -que no el ejecutor- de la organización estatal, siendo el Estado la prolongación natural de la institución familiar.

Esta mayor coordinación ordenativa y el nuevo doble sistema moral influyó en que entre el -481 y el -356 -Epoca de los Reinos Combatientes-, los campesinos fueron siendo convertidos en siervos de los grandes terratenientes.

Por su parte las islas que forman el Japón, fueron recibiendo migraciones desde el Asia continental, desde las Islas de la Sonda y desde la península de Malaca entre el -3000 y el -1000. Durante estas migraciones se produjo en el territorio el paso del Paleolítico al Neolítico. Hacia el -1240 existían ya tres reinos, uno de los cuales, el de Yamato, desarrolló las formas organizativas que darían lugar al imperio.


EL AMBITO MEDITERRANEO

En la fase denominada Edad Antigua, dos fueron los núcleos que dieron lugar a dos de las más importantes culturas que con posterioridad han influido en la llamada civilización occidental: la zona correspondiente al Mar Egeo y la ocupada por la Península Itálica; en la primera se desarrolló el mundo griego y en la segunda Roma.

A partir del -5000 y procedentes de Mesopotamia y Siria, comenzaron a establecerse en la zona de Grecia diferentes culturas que aportaron la agricultura y la alfarería y que, con el tiempo, fueron evolucionando. Luego, entre el -2700 y el -2500 y hasta el -1000, se producen una serie de irrupciones Indoeuropeas que desde Centroeuropa ocupan la Grecia continental, aunque no afectando a la isla de Creta, mezclándose con los habitantes autóctonos a los que impusieron su lengua.

La isla de Creta había llevado una evolución propia y característica; en ella se desarrolló la Cultura Minoica cuyo arranque puede situarse en el -2600. La aldea era el tipo de agrupación poblacional, pero el uso de sellos indica que ya contaban con una economía ciertamente compleja en contacto con Chipre y con Oriente. Hacia el -2000 se produce un cambio brusco iniciándose una nueva fase caracterizada por los "Palacios". Los palacios, un conjunto de almacenes, templo y salas de reuniones, es el lugar alrededor del cual gira la vida comunitaria, situándose en torno suyo los talleres y artesanos.

Esta fase concluye bruscamente, se cree, por una catástrofe natural hacia el -1700, comenzando un período de declive y de lenta recuperación hasta el -1580 cuando, nuevamente, los palacios vuelven a recuperar su protagonismo siendo aún más espectaculares y siendo el de Cnosos el prototipo de éstos. Hacia el -1375 finaliza definitivamente la Cultura Minoica como consecuencia de una posible invasión procedente de Grecia.

Por lo que respecta a las islas menores del Egeo, las Cícladas fueron un centro cultural fundamental. Entre el -3000 y el -2000 se produjo una irradiación de su arte a todo el Mediterráneo oriental recibiendo fuerte influencia cretense desde el -1800. Esta civilización desapareció en el -1550 ó el -1450 por una erupción del volcán Santorini.

En la parte continental los Aqueos penetran en el -2200 llegando al Peloponeso y mezclándose con los Heládicos; de resultas de esa mezcla surge la Civilización Micénica hacia el -1700. En el aspecto cultural las influencias minoicas -fruto de las relaciones comerciales que mantuvieron con Creta- fueron evidentes aunque se alcanzaron rasgos característicos propios. A partir del -1300 / -1200, la Civilización Micénica adoptó los usos y costumbres de Creta importando el cultivo de la vid y el olivo. La Civilización Micénica fue evolucionando por si misma superando las tradiciones aqueas, a la vez que, a través del comercio, extendía su influencia a Macedonia, Chipre, Asia Menor y Siria.

Hacia el -1200 / -1180, y coincidiendo con una expedición micénica para apoderarse de Troya, posición clave para dominar el Asia Menor, se producen una nueva serie de invasiones de pueblos Indoeuropeos. Nuevamente los Aqueos, primero, y posteriormente los Dorios hacia el -1050, a lo que se añadieron tensiones provocadas por un importante aumento de la población, generaron movimientos migratorios hacia la costa del Asia Menor iniciados ya en el -1400.

La finalización de la Civilización Micénica sumió a Grecia en un período de inestabilidad en el que se perdió el concepto de unidad que anteriormente había existido. Así, a partir de grupos de familias históricamente poderosas, junto a la influencia de las costumbres indoeuropeas fue fragmentándose el territorio en "Ciudades - Estado" con estructuras económicas propias -una aglomeración urbana, tierras de cultivo y aldeas menores-, y sociales y políticas -un rey, unos nobles a los que pertenecían las fuentes de riqueza (tierra y ganado ya que el comercio era poco estimado y de él se encargaban los Fenicios) y que constituían el Consejo, un campesinado y artesanado sin ningún peso político y tan solo asistentes a la Asamblea de ciudadanos, y los jornaleros y esclavos sin función política alguna-.

El único nexo entre estas ciudades lo representaba lo religioso, manifestado en una mitología a la que se había llegado por fusión de las deidades de todas las culturas establecidas en Grecia.

A partir del -800, se va produciendo un cambio político acompañado de una diferenciación zonal clara. El cambio político radicó en el paso de un sistema monárquico a otro en que el poder estaba ostentado por una oligarquía aristocrática. A la vez, fueron delimitándose dos zonas: Esparta y Atenas.

En Atenas, el origen del cambio político estuvo en el creciente poder que fueron acopiando los magistrados del Consejo y el paralelo vaciamiento de competencias de la institución real. Los magistrados -electos ahora- pasaron a gobernar efectivamente las ciudades, no dejando, en la práctica, funciones a las asambleas. Ello significó que el poder pasó a ser ostentado por la minoría que poseía la riqueza. Esta situación ya fue general desde el -800.

Este hecho coincidió con un rápido incremento en la fundación de ciudades y factorías comerciales en el exterior -proceso colonizador- formándose, en cada caso, una asociación comercial con las ciudades griegas. Pero a esta situación se llegó por necesidad: al quedar reservada la tierra a los primogénitos de las familias nobles, todo aquel que pretendiera salir de la pobreza se vio forzado hacia la colonización.

Hacia el -650, este proceso expansivo dio lugar a la aparición de personas de origen pobre ahora enriquecidas que empezaron a reclamar participación política. Junto a ésto, en las ciudades - estado, campesinos y jornaleros empezaron a reclamar el reparto de las tierras y la abolición de las deudas que las condiciones de trabajo les habían llevado a contraer. Todo ello provocó el descontento de la oligarquía y el estallido de graves conflictos sociales en el -635.

En el -620 fue puesta en práctica una legislación sumamente dura a fin de acabar con los conflictos -Leyes Draconianas-, encargándose, en el -594, a una serie de legisladores, una reforma legal que garantizara la normalidad. Solón llevó a cabo una reforma en profundidad: anulación de las hipotecas y deudas y restitución a sus antiguos dueños de los terrenos pignorados, emancipación de las personas que por deudas habían sido esclavizadas, y promulgación de una nueva constitución que dividía a los ciudadanos en grupos en función de sus ingresos calculados en fanegas de cereal y cuyas obligaciones para con el estado estaban en función de esos ingresos. Excluidos de toda actividad política estaban los esclavos y los extranjeros libres establecidos en Atenas.

La reforma de Solón ingresó a Atenas en una comunidad monetaria que habían formado las ciudades jónicas, acuñándose un nuevo dracma de 4,365 gramos de plata. Se prohibió la exportación de cereales a fin de evitar el hambre, pero se incentivó la de aceite, lo que dio lugar al desarrollo de la alfarería. El crecimiento del comercio y las manufacturas fue en aumento, pasándose a la configuración de asociaciones económicas (incluso había una asociación de piratas).

A pesar de todo, la obra de Solón fue muy criticada: por la nobleza porque perdió influencia y poder, y por el pueblo porque esperó reformas más profundas.

Después de Solón el poder en Atenas se fue fraccionando: por un lado, los habitantes de la costa -la mayoría miembros de las ligas de comerciantes y artesanos que habían obtenido grandes beneficios con la política de Solón- deseaban que se fuese profundizando en la reforma; por otro, los grandes terratenientes del interior deseaban volver a la situación previa a la reforma a fin de recuperar poder; por su parte, la masa campesina y desheredada quería profundizar en las reformas, eliminar el poder de la nobleza y el repartir las tierras.

La alianza entre el pueblo llano y las clases medias contra la aristocracia les llevó a confiar el poder a un solo hombre a fin de que se restituyera el orden. En el -560, y con carácter transitorio, se implanta la tiranía en la figura de Pisístrato. La reforma se desarrolló, pero el tirano olvidó aquello que no le agradaba. Acometió una reforma agraria repartiendo tierras entre campesinos que las habían perdido, fueron confiscadas propiedades y el estado proporcionó animales de tiro y semillas a los pequeños campesinos. La justicia pasó a ser impartida por jueces comarcales nombrados por el estado que sustituyeron a los terratenientes. Se fomentó la alfarería. Se construyeron caminos y otras obras públicas a fin de proporcionar trabajo a los indigentes y para publicitar el régimen. Además, con la expansión hacia el Bósforo y los Dardanelos y la instalación de colonos griegos en la zona, Atenas pasó a controlar en monopolio todo el comercio en el Mar Negro.

Pero la presión de los aristócratas junto a la mediocridad del sucesor de Pisístrato -su hijo- llevó, tras un breve retorno a la oligarquía, a la instauración de una república (-510) a cuyo frente fue propuesto Clístenes, cerebro del comercio ciudadano y de los pequeños artesanos. Clístenes acometió una profunda descentralización administrativa concediendo a cada aldea de Atica los mismos derechos que tenía Atenas -con lo que descargó a Atenas de importantes gastos-, e introdujo el que todas las capas sociales pudieran integrar los nuevos cuerpos electivos creados, pasándose a considerar el lugar de residencia en vez de los vínculos familiares como hasta entonces, vía para poder ser elegido. A partir de este momento quedó instaurada la democracia en Atenas.

La evolución de Esparta había sido radicalmente distinta. Estado centrado en la agricultura y sin tradición comercial, instauró una organización como "pueblo" sin asentamientos tipo "ciudad". La circulación monetaria fue cubierta con acuñación de dinero de hierro.

Fue implantada una rígida división social. Los esclavos eran de propiedad estatal, siendo el Estado quien los asignaba a aquellos que los necesitaban. Todo el Estado pivotó en torno a una organización militar que se ocupaba de la educación de los niños desde los siete años. El poder legislativo pertenecía a la Asamblea Popular, integrada por todos los ciudadanos mayores de treinta años y que tuvieran plenos derechos.

Los ciudadanos de pleno derecho vivían en cuarteles, encargándose sus esposas de la administración de las tierras; para el mantenimiento de los cuarteles entregaban unas cantidades, siendo motivo de pérdida de los derechos como ciudadano la imposibilidad de entrega de esas cantidades. Pero las constantes guerras incrementaron los gastos por lo que el número de ciudadanos fue descendiendo paulatinamente.

En la evolución de toda la zona de Grecia, el Egeo y la costa de Asia Menor tuvo una importancia capital la expansión de Persia por el Sur de Rusia hasta el Danubio a partir del -514. Los colonos griegos del Asia Menor empezaron a pagar tributo a los persas, pero Grecia percibió que la expansión persa hacía peligrar sus comunicaciones con las regiones cerealistas del Mar Negro, a ello se añadía el tradicional apoyo de Persia a los Fenicios.

Estos hechos llevaron a los griegos a la conclusión de que Grecia podía ser invadida generándose un espíritu defensivo y de oposición a Persia. La rebelión de las colonias de Asia Menor fue el desencadenante de las Guerras Médicas ( -500 a -449) que tampoco consiguieron una total unión entre las ciudades griegas ni de los distintos grupos políticos de cada una de las ciudades; así, en Atenas, tenía lugar una pugna política entre el partido de los obreros manuales, comerciantes y marinos -partidario de la creación de una gran flota naval- y el de los campesinos -contrario a la flota-.

La victoria griega en la Batalla de Micala (-479) marcó el principio del antagonismo creciente entre Atenas y Esparta; ésta decide retirarse de la guerra y Atenas, junto con la mayoría de ciudades del archipiélago de las Cícladas, de Jonia y del Estrecho de los Dardanelos, acuerdan la formación en el -478 de la Liga Naval Atico - Délica (Liga de Delos).

Militarmente la Liga funcionó muy bien, pero la especial idiosincrasia de las ciudades, muy celosas de su autonomía, pronto entró en conflicto con el poder que Atenas iba acumulando; de hecho, la Liga fue pareciéndose cada vez más a un imperio ateniense en el que Atenas acabó recibiendo el tributo del resto de miembros.

La tensión entre Atenas y los otros integrantes de la Liga se manifestó muy pronto. Atenas, bajo la dirección de Pericles -perteneciente al partido de los comerciantes-, fue aumentando su poder económico "a costa" del resto de miembros de la Liga, además, crecientemente fue favoreciendo el establecimiento de extranjeros en su territorio.

La Atenas de Pericles, basándose en la democracia interna y contrariamente a como operaban otras ciudades, permitía a los extranjeros establecidos -que continuaban manteniendo contactos con sus patrias de procedencia- desarrollar cualquier negocio y actividad; además, y a fin de proteger el tesoro de la Liga, Pericles lo hizo trasladar desde Delos a Atenas (-454), por lo que, desde ese momento, las entregas de los miembros de la Liga pasaron a ser un tributo a Atenas y del que se beneficiaba Atenas.

El conflicto abierto entre los miembros de la Liga llegó tras la victoria de Salamina (-449). Los miembros menores de la Liga consideraron que el objetivo de la Liga estaba cumplido, pero Atenas necesitaba continuar la expansión militar y territorial teniendo a Egipto como objetivo.

En su estrategia de expansión exterior, Pericles vio que Atenas necesitaba los mercados de Sicilia y del Sur de Italia; los problemas radicaban en que, mayoritariamente, estas ciudades eran proespartanas, en que Esparta precisaba de los suministros procedentes de ellas, y en que Pericles siempre había incidido en una política de equilibrio entre Esparta y Atenas.

En aquellos momentos Grecia estaba ya claramente dividida en dos claras zonas de influencia: Atenas y Esparta, algo que no beneficiaba, en principio, a ninguna de ambas. El acuerdo de paz del -446 permitió a Atenas entrar en una etapa de esplendor cultural, además, Atenas propició un movimiento para la unificación de toda Grecia que acabó en fracaso debido al temor del resto de las ciudades al imperialismo ateniense.

La degradación de la situación no hizo sino abocar al conflicto armado. La Guerra del Peloponeso (-432 a -404) no fue más que un enfrentamiento para decidir quien ostentaría la hegemonía en Grecia. Una oleada de refugiados llegó a Atenas donde estalló la peste y por la que murió Pericles, entrándose en una fase dominada por agitadores de masas -demagogos-. Como ningún bando consiguió una victoria decisiva, se decidió una paz en el -421 que no resolvió ningún problema pendiente por lo que las hostilidades continuaron hasta que, en el -404, Atenas capituló ante Esparta que instauró un gobierno tiránico -los Treinta Tiranos-. El final de Esparta como potencia llegó por las luchas contra Tebas (-371).

En cualquier caso, tanto en Esparta como en Atenas, el siglo que media entre el -400 y el -300 fue de constantes perturbaciones sociales: independientemente del modo político imperante, la realidad economicosocial se circunscribía al dominio de una minoría de ricos comerciantes enfrentados a un resto constituido por jornaleros míseros y por esclavos.

El resultado de todo lo descrito fue un conjunto equilibrado de estados débiles, por lo que la intervención de Macedonia como dominadora del conjunto de Grecia fue algo lógico.

En el -359 Filipo II sube al trono de Macedonia convirtiendo un estado semifeudal en una monarquía centralizada. Valiéndose de los desórdenes existentes en Grecia, Macedonia comenzó una lenta penetración en los ya débiles estados limítrofes. Al final, la guerra abierta acabó con la derrota ateniense -Batalla de Queronea (-338)-, lo que significó el fin de la independencia de las ciudades griegas y la implantación de la supremacía macedonia en toda Grecia con la constitución de la Liga Panhelénica (-338) con Filipo como dirigente supremo.

Asesinado Filipo, le sucedió su hijo Alejandro que puso en práctica los planes de su padre: profundización de la Liga y campañas contra Persia, en definitiva, la expansión de Macedonia. En esta linea, su avance hacia la India tenía como objetivo unir Europa y Asia en una unidad bajo mando macedonio. El imperio resultante supuso una breve fase de resurgimiento griego como consecuencia de los nuevos mercados aportados por la expansión territorial.

En el -323 fallece Alejandro sin sucesor y sin una figura que pudiera continuar su labor. Los generales macedonios entraron en una dinámica de rivalidades por el imperio hasta que en el -302 éste quedó dividido en varias partes: el reino de los Ptolomeos en Egipto, el de los Seleúcidas en Siria y el de los Antigónidas en Macedonia y Grecia, así como otros menores. Las costumbres y cultura griega se impusieron aunque mezcladas con las autóctonas -Helenismo-, incluso cuando en el -146 Macedonia pasó a ser provincia romana y Grecia protectorado de Roma.

La influencia de la cultura griega ha sido decisiva en la posterior evolución de toda la cultura occidental en forma de una corriente que partiendo desde Grecia llega hasta nuestros días. Estas manifestaciones culturales se dieron en todos los campos culturales entonces conocidos.

Así, en Filosofía destacaron Tales de Mileto (-624 a -546), Sócrates (-469 a -399), Platón (-427 a -347), Aristóteles (-384 a -322), Epicuro (- 342 a - 271), Zenón de Citium (-336 a -263). En Teatro, Esquilo (-525 a -456). En Historia, Herodoto (-486 a -425) y Tucídides (-460 a -400). En Medicina, Hipócrates (-470 a -406). En Astronomía, Aristarco de Samos (-320 a -250) e Hiparco de Nicea (-190 a -120). En Física, Arquímides de Siracusa (-280 a -212). En Geografía Eratóstenes de Cirene (-280 a -200).

El caso de Roma fue diferente del de Grecia. A lo largo de la Edad del Bronce las diferentes culturas establecidas en la Península Itálica tuvieron influencias y contactos, según las zonas, con los Balcanes, Anatolia, el Egeo y Micenas. Pero a partir del -1200, van produciéndose diferentes penetraciones: indoeuropeos procedentes de Europa central que se establecen en el centro de la península, migraciones desde las costas de Bosnia y Dalmacia -Iliria- que se posicionan en la costa de Adriático, de los griegos entre el -800 y el -700 - costa Sureste- y, entre el -400 y -300, los Celtas que, finalmente, se establecen en el Norte.

Juntamente con los pueblos anteriores, y hacia la misma época que los griegos y procedentes de Lidia -Asia Menor-, penetran los Etruscos que se posicionan en la Toscana. Estos recién llegados -de lengua no indoeuropea- fueron un grupo poco numeroso del que surgió la aristocracia tras la mezcla habida con los habitantes autóctonos, y que dio lugar a un núcleo estable en el triángulo existente entre los ríos Arno y Tiber y el Mar Mediterráneo. El sistema de gobierno constituido fue la monarquía.

En el borde Sur de esta zona y muy cerca del Tiber, se produjo la fusión de varios grupos: comunidades autóctonas -Sabinos-, indoeuropeos -Latinos- y elementos etruscos. El punto elegido para establecer el núcleo urbano originario de esta fusión fue el cruce de dos rutas vitales: la que unía Etruria y la Campania, y los Apeninos centrales y la costa. Ese núcleo constituye el origen de Roma, núcleo que pronto creció abarcando las dos márgenes del Tiber.

Etruria, que se desarrollaba positivamente al contar con una tierra muy fértil, con minas de Cobre y Hierro y al haber desarrollado relaciones comerciales incluso con los griegos, se apoderó de Roma hacia el - 650 instaurando una monarquía (-616 a -510) cuyos reyes surgieron de la familia etrusca de los Tarquinos.

Entre el -600 y el -500, los etruscos ocuparon la mayoría de la Campania y de la llanura del Po, además, su alianza con Cartago les aseguraba el dominio marítimo.

En Roma, las arbitrariedades de los reyes etruscos llevaron a que la ciudad se sublevase en el -510, expulsase a los Tarquinos e instaurasen una república; a su vez, y por las mismas fechas, Etruria también desplazó a la monarquía instaurándose un gobierno oligárquico basado en las familias preponderantes. A partir de este momento comenzó el declive de Etruria en el que influyeron la invasión de los Celtas y las guerras con Roma y contra los Samnitas de la Campania -hasta el -250- y que la llevó a la pérdida de territorio. En cualquier caso, la influencia de los etruscos en arte, religión y lengua fue permanente.

A partir de la proclamación de la república, Roma entra en un proceso de consolidación y expansión en el que la lucha del pueblo llano -plebeyos- por sus derechos frente a las grandes familias que ostentaban el poder -patricios-, junto a la conquista progresiva de la península itálica -entre el -400 y el -275- ocupan gran parte del período que media hasta el -59.

La lucha de los plebeyos por sus derechos frente a los patricios fue larga. Hasta la Ley Hortensia (-287) en que se igualan los derechos de ambos grupos, el poder único efectivo era ostentado por las grandes familias, por lo que la concesión de la ciudadanía romana fue una cuestión vital al afectar las preferencias de los ciudadanos -gentes con derechos- a los intereses de esas mismas familias.

A partir del -275 conseguida la unidad de la península y la imposición de una única lengua, Roma se plantea el control del Mediterráneo, pero aquí topó con Cartago, la fundación fenicia de Túnez gobernada por los ricos comerciantes. En el otro extremo del mar, Roma se fue inmiscuyendo en Grecia.

Las tres Guerras Púnicas contra Cartago y varias batallas acompañadas de acuerdos políticos en Grecia, desarrolladas entre el -264 y el -146, aseguraron el dominio romano en el Mediterráneo, pero en la Península Itálica este proceso bélico generó unos cambios económicos y sociales fundamentales.

Las necesidades de efectivos militares para nutrir los ejércitos fue afectando a la estructura económica de un estado formado por pequeños propietarios. Entre el -145 y el -98, gran número de pequeñas fincas pasaron a formar grandes propiedades de terratenientes dedicadas al cultivo del olivo y la vid o a pastizales para ganado y a ser trabajadas por esclavos; este proceso vino implicado por dos hechos: por un lado, el endeudamiento en que cayeron las familias de los propietarios movilizados para las guerras; por otro, el alto precio que alcanzó el trigo de Roma y que motivó la llegada de grano extranjero. Por su parte, los antiguos campesinos sin tierras, faltos de todo sustento, se trasladaron a las ciudades pasando a depender de los subsidios públicos.

Estos hechos fueron dando lugar a la polarización creciente de la sociedad en dos clases: los ricos y los miserables. Entre los primeros se encontraban las antiguas familias patricias y plebeyos enriquecidos con el tiempo, éstos dieron lugar a una nueva clase: la nobleza, muy cerrada y que fue repartiéndose los cargos del estado. También la nutrían financieros y traficantes que se habían enriquecido con la caída de Cartago y Corinto, eran los caballeros: personas clasificadas por la riqueza equivalente a la de aquellos que debían servir en la guerra a caballo. En el otro extremo, gentes sin trabajo ni recursos, receptores de la manutención estatal y sin futuro alguno.

El creciente número de desposeidos junto al creciente gasto que representaban los subsidios fueron decantando la situación hacia el peligro de revuelta social y minando las finanzas públicas. En este contexto, el tribuno del pueblo Tiberio Graco el Viejo propuso una reforma agraria que desencadenó su asesinato.

La situación llevó a Roma a decretar la confiscación masiva de las tierras de sus aliados en la península a fin de formar una oferta de suelo público, lo que llevó a una guerra que se vio alimentada por la solicitud de la ciudadanía romana por parte de estos pueblos -Guerra de los Aliados o Guerra Social (-91 a -89)-. La paz llegó con la concesión por Roma de lo solicitado, pero la situación no quedó normalizada ya que continuaba dándose el enfrentamiento entre las dos clases.

Entre el -88 y el -63, Roma vivió un período especialmente agitado: un golpe de estado, un contragolpe, una dictadura, la Guerra de los Esclavos (-73 a -71) y la de los Piratas (-68 a -67). La conjuración de Catilina en el -63 fue una revuelta que, aunque buscaba la reforma social, tenía muchas más posibilidades de triunfo debido a que a ella se vinculó una de las familias de más estirpe de Roma: la familia Julia. Julio Cesar, miembro de esta familia, forma coalición con un militar de prestigio -Pompeyo- y con el hombre más acaudalado de Roma -Craso-, formándose el Primer Triunvirato.

Cesar se dedicó a incrementar las provincias de Roma y a extender los bordes de los dominios romanos hasta el Rin, lo que le dio gran prestigio. Llegado a este punto, Cesar abandonó el esquema que hasta entonces el estado romano había adoptado -supremacía de una metrópoli sobre unas provincias- y adoptó otro siguiendo la linea de Alejandro el Magno y basado en la unificación de todos las culturas en un núcleo común; para ello, dio entrada en el Senado a muchas provincias y concedió la ciudadanía a muchas ciudades.

A la vez, Cesar se dio cuenta de lo importante que era la existencia de una clase media potente para la prosperidad de Roma, por lo que abordó medidas concretas contra la pobreza y fijando intereses máximos para los préstamos.

El error de Cesar fue doble: por un lado, el irse aproximando a una situación en la que cada vez su figura se iba asemejando más a la de un rey, figura odiada desde los inicios de Roma por el pueblo; por otro, el irse enfrentando, crecientemente, a una serie de potentes intereses económicos. La conjura se manifestó de la mano de Bruto -un usurero- siendo Cesar asesinado en pleno Senado.

El período comprendido entre el -44 y el -31 supuso, nuevamente, el renacimiento de la inestabilidad. Marco Antonio, un general fiel a Cesar, tomó el poder aliándose con un sobrino nieto de éste -Octavio- y con un general al mando de un potente ejército -Lépido-, dando lugar al Segundo Triunvirato.

A pesar de que el cometido de los triunviros era el de la restauración del orden siendo sus cargos temporales, Octavio y Marco Antonio empezaron a actuar para perpetuar sus posiciones personales. Marco Antonio se situó más cerca de la idea globalizadora de Cesar, en esta linea se casó con la reina de Egipto Cleopatra. Octavio siguió la linea tradicional de la república comenzando a hacer aparecer a Marco Antonio como un traidor. La batalla de Accio dejó libre el camino a Octavio que reinstauró el viejo orden ya con el título de Augusto.

Augusto (-31 a 14), supo diseñar una estructura ideal: el principado. A la vez que reinstauraba todas las instituciones y cargos populares de modo que a los ojos del pueblo fue él el salvador de la república, se hizo conceder el cargo de tribuno del pueblo vitaliciamente así como el título de "princeps", lo que le daba la facultad de ser el primero en votar en el Senado en una época en que todas las votaciones eran públicas, por lo que todos los senadores podían ver la postura personal de Augusto. Había comenzado la época del imperio siendo Augusto el primer emperador.

Augusto no extendió el imperio sino que lo consolidó, teniendo además la perspicacia de alejar al ejército de la metrópoli y concentrarlo en los bordes exteriores, rodeándose, tan solo, de una elite militar a modo de guardia personal: los pretorianos.

Así mismo, Augusto realizó una intensa labor en obras públicas y en saneamientos, además, eliminó las aduanas interiores; todo ello derivó en un incremento de la actividad económica. A la vez, se legislaron ayudas para las familias numerosas. Su gran problema fue la sucesión.
Después de Augusto se entró en una situación de paz permanente durante doscientos años -"pax romana"- (14 - 235) y en una dinámica de degradación en los emperadores, lo que no impidió que la expansión, individual y protocomercial más que del estado y militar, continuara: incursiones en Sudán y Marruecos -siglo I y principios del II-, contactos con China -año 72 y siguientes-, establecimiento de un enclave de comerciantes en el actual Yemen, etc.

Las provincias fueron integrándose más y más en la idea del conjunto que representaba el imperio y participando crecientemente en la administración; así Italia dio una linea de emperadores: los Flavios (69 a 96), Hispania tres entre el 96 y el 180 y Africa-Siria otra: los Severos (193 a 235).

El comienzo de la Crisis del siglo III marcó el final de este período de paz y supuso el principio de la decadencia definitiva de Roma.


EUROPA CENTRAL

En los últimos siglos de la Edad del Bronce en Europa se desarrolló la Cultura de los Campos de Urnas (-1300 a -800), caracterizada por practicar la incineración de los cadáveres y su posterior inhumación tras ser introducidas en urnas. Es en esta época cuando en Europa central se produce la diferenciación de un conjunto de tribus de origen indoeuropeo cuyo origen se sitúa en el Sur de Alemania. Alrededor del -1000, los Celtas dan lugar al nacimiento de una cultura no cohesionada coincidiendo con el inicio de la Edad del Hierro en Europa.

La Edad del Hierro en Europa queda dividida en dos períodos. El primero (-800 a -450) asociado a la Cultura de Hallstatt, y un segundo (-450 a 0) propio de la Cultura de La Tène.

La Cultura de Hallstatt tuvo su origen en la localidad del mismo nombre situada en Austria, en sus minas de sal explotadas desde el Paleolítico. El comercio derivado de la sal, dio lugar a influencias procedentes de Italia y el Oriente Próximo, entre éstas, la introducción del Hierro. El comercio propició la aparición de fortunas y de jefaturas sólidas apoyadas en el dominio de los guerreros y en el poder que representaba el Hierro y su manufactura controlada por la elite dominante.

Los Celtas, que nunca llegaron a constituir un estado debido a las rivalidades entre sus diferentes pueblos y a que, sobre todo en una primera etapa, estaban en constante movimiento en busca de nuevas tierras, comienzan a desplazarse hacia el Oeste de Europa. Estos movimientos fueron iniciados por los grupos que a finales de la Edad del Bronce se establecieron en las Islas Británicas -Britones-, y se continuaron entre el -700 y el -600 con el establecimiento en la zona comprendida entre los Alpes, el Rin y los Pirineos -la Galia romana- poniendo en explotación los yacimientos de Hierro de la Lorena y la Borgoña. En el periodo de Hallstatt son características las agrupaciones de chozas establecidas en zonas altas estratégicas.

La Cultura de La Tène toma el nombre de la localidad Suiza donde habían existido emplazamientos desde el Neolítico y que dominaba la ruta entre el Ródano y el Rin.

En este período se produce la gran expansión celta: total ocupación de la Galia y entrada en la Península Ibérica, establecimiento entre el -400 y el -300 en el Danubio, Norte de la Península Balcánica y en la llanura del Po (posteriormente rechazados por los romanos) y en Asia Menor entre el -300 y el -200. (Los pueblos que ocuparon entre el -200 y el -100 los territorios vacíos dejados por los Celtas en su expansión, fueron los que se engloban dentro del apelativo de Germanos -aunque, en ocasiones, las expansiones celtas fueron provocadas por la presión de éstos-.

En esta fase, los Celtas modificaron sus tipos de asentamientos pasando a establecer sus poblados en los llanos y fortificándolos; también contribuyeron al desarrollo de la agricultura con el arado con ruedas; se fue perfeccionando el armamento. Pero uno de los aspectos de su cultura más importantes por las implicaciones que con posterioridad tuvo fue su sistema de propiedad y relación: la tierra pertenecía al jefe de cada clan familiar, existiendo vínculos personales entre el rey de cada pueblo y ciertas personas con las que mantenía especiales relaciones económicas y sociales.

A partir del -300, algunos pueblos celtas principian a acuñar moneda en oro, plata y bronce, especialmente aquellos que mantenían relaciones comerciales con el ámbito mediterráneo, sobre todo los establecidos entre el Adriático y el Caspio; los situados más al Norte permanecieron más aislados.


LA CRISIS DEL SIGLO III

Llegado el siglo II, la zona central de Eurasia estaba dividida en cuatro imperios que mostraban una mayor o menor estructuración. En el extremo oriental, el Imperio Chino; más al oeste el Imperio Kushan, fundado hacia el 30 como aglutinación de varias tribus, que ocupaba Afganistán y Nordeste de la India; el Imperio Parto, frontera con el anterior, y fundado en el -250 cuando una tribu nómada se declaró independiente de los Seleúcidas persas dando principio su expansión hasta que en el -86 procedió a la absorción de su antigua metrópoli; y, dominando todo el ámbito mediterráneo, el Imperio Romano.

Al Sur de esta franja, tribus dispersas en el Tibet y la India formando varios reinos. Al Norte, tribus nómadas de las estepas de Asia y de las tierras orientales europeas. Con respecto a estas tribus, cabe hablar de dos grupos diferenciados.

Por un lado, los pueblos indoeuropeos que habitaban la parte Norte de la Europa central mezclados, en el Oeste y en el Sur, con los Celtas. A este grupo pertenecería el conjunto de los llamados Pueblos Germánicos -Burgundios, Suevos, Anglos, etc-, así como los Godos del Sur de la península Escandinava y los Alanos del Norte del Cáucaso. Por otro, un pueblo semítico -los Hunos- de ascendencia Turca procedente de la zona del lago Balkash.

A lo largo del siglo II se producen cuatro hechos que fueron decisivos en la posterior evolución de toda la franja eurasiática: las consecuencias derivadas de la apertura de la Ruta de la Seda, la formación de núcleos más sólidos entre las tribus germánicas, el principio del declive del Imperio Romano, y el comienzo en la extensión del cristianismo.

La apertura de la Ruta de la Seda hacia el -110 / -114 supuso la puesta en funcionamiento de un camino fijo y permanente para la comunicación entre el Extremo y el Medio Oriente; además, y debido a las rutas marítimas y terrestres ya existentes, puede decirse que desde que la ruta entró en funcionamiento, el Mar Amarillo y el Mar Mediterráneo estaban conectados, lo que equivale a decir que los imperios que ésta atravesaba participaban de un intercambio comercial y de ideas.

La larguísima ruta discurría por el Imperio Chino, por zonas ocupadas por los Nómadas de las estepas del Asia Central y del Tibet, y por los Imperios Kushan y Parto, es decir, por prácticamente toda la parte oriental de la franja antes mencionada.

Su final se encontraba en la capital del Imperio Parto: Ctesifonte, enlazando también con el puerto de Apólogos en el Golfo Pérsico, fin de rutas marítimas que conectaban zonas del Mar Arábigo, del Golfo de Bengala y del Mar de la China. Desde Ctesifonte, partía una ruta hasta Palmira y, de ésta, otras dos con destino en Roma: una a través de Antioquía y Atenas, y otra a través de Damasco, Tiro y Alejandría. La nueva ruta sería básica para imbuir un germen de "tránsito", de "movilidad".

Por otra parte, a comienzos del siglo II principian una serie de fusiones y uniones entre tribus germánicas pequeñas a fin de formas conglomerados mayores - Francos, Alamanes, Turingios, etc- y, por su sistema nómada de vida, comienzan a presionar contra el borde Norte del imperio defendido por la fortificada Linea Limes, siendo rechazados en un primer momento por los Romanos sin excesivos problemas.

Por lo que respecta al Imperio Romano, el período de paz iniciado tras Augusto estuvo, no obstante, acompañado de un conjunto de hechos que fueron generando una permanente inestabilidad; así, se va produciendo un lento aunque imparable declive económico ocasionado por los crecientes gastos del estado que fueron siendo financiados con una imparable depreciación monetaria que llevó a que, en doscientos años, la cantidad de plata por unidad monetaria pasase de un 95% a un 5% de su peso aunque conservando las monedas su valor nominal, lo que derivó en una fuerte inflación.

A la vez, en los alrededores del 180 se desata una epidemia -tal vez introducida por mercaderes del Sur de Asia- simultánemente en todo el imperio, que crea confusión e inseguridad.

Además, en un plano político - filosófico, fue produciéndose la extensión del cristianismo, influyendo en ello tanto la forma como Roma abordó el tratamiento de las religiones de los territorios que iba conquistando, como la propia filosofía cristiana.
El cristianismo, en contra de la política romana de aceptación de las divinidades de los territorios anexionados, no fue aceptado por Roma; la causa fundamental fue la negativa cristiana a admitir el carácter divino del emperador romano debido a que era una religión monoteísta, pero además, el hecho de que se localizase en Palestina, lugar muy inestable a nivel político para el Imperio por el rechazo que éste allí tenía, junto al hecho de que los cristianos llevasen a cabo un abierto proselitismo, hizo que Roma empezase a considerar a esta creencia como peligrosa y que el emperador Decio decretase en el 249 la primera de una serie de persecuciones contra los seguidores de una filosofía que, en contraste con la imperante en el Imperio, era básicamente de esperanza.

El proceso de crisis fue encadenado. El modelo que Roma implantó en su Imperio significó un cambio radical en relación a como se habían desarrollado en el pasado las conquistas de unos pueblos por otros. Roma no solo se limitó a ocupar, Roma estructuró en torno a un modelo -la idea de Roma como unidad- y con arreglo a un método muy elaborado -el derecho romano- las tierras que fue anexionándose. Es decir, todo el entramado que Roma montó para administrar sus dominios pivotaba sobre un eje: la idea y el concepto de Estado brindador de unidad y cohesión, pero para ello era imprescindible que la estabilidad del Imperio fuera total en todos los sentidos.

El emperador Caracalla (211 - 217), intentó solucionar la situación económica, agravada por la creciente concesión de títulos de ciudadanía y que comportaba la exención del pago de impuestos. Caracalla concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes no esclavos a la vez que eliminó la exención del pago de tributos para los ciudadanos romanos; pero el ya imparable proceso de formación de grandes propiedades había ido formando una masa de minúsculos campesinos que no podían competir con las grandes extensiones por lo que sus posibilidades de pagar impuestos eran casi nulas. Con el artesanado fue sucediendo algo semejante al irse constituyendo grandes talleres.

Lentamente fue instaurándose un sistema de hipotecas que indefectiblemente derivaban en posteriores arrendamientos de los grandes propietarios hacia los pequeños: al no poder hacer frente éstos a las deudas contraídas y perder la titularidad de sus tierras, eran éstas obtenidas por los grandes propietarios que aún incrementaban más sus propiedades. En esta situación, el arrendatario -que lo era por deuda- pasaba a ser "esclavo del suelo" según el derecho romano, es decir, quedaba adscrito a la tierra por lo que, de forma efectiva, eran cultivadores-esclavos semilibres: colonos.

Este proceso de decadencia se aceleró durante la época de la monarquía militar (235 a 284) en la que los ejércitos, formados en su mayoría por gentes de muy baja adscripción social y provenientes de zonas marginales del imperio -Siria, Tracia-, constataron su poca participación en un poder ostentado por las clases privilegiadas de las ciudades. La respuesta del ejército fue la imposición de una serie de emperadores de corto mandato.

El último intento de enderezar la situación de declive en la que se encontraba el Imperio fue llevado a cabo por Diocleciano (284 - 305). Diocleciano realizó una profunda reforma que pivotaba sobre una rígida centralización estructurada sobre una desarrollada burocracia y sobre la idea de que era todo el imperio el que sustentaba el poder imperial y no solo las clases privilegiadas de las ciudades. El calado de los cambios queda puesto de manifiesto con el traslado de la capital a Nicomedia.

De especial importancia fue su reforma tributaria a fin de dotar al estado de ingresos fijos, pero al recaer sobre los substratos obrero y campesino y contaminada por las oscilaciones monetarias, derivó en el retorno al pago de los impuestos en especie.

Finalmente, desarrolló un sistema de gobierno basado en dos coemperadores y dos cesares nombrados por cada uno de ellos que les sucederían de forma automática al cabo de veinte años.

Diocleciano abdico al cumplirse el período de mandato e inmediatamente principió una lucha por el poder que fue ganada en el 312 por el hijo de uno de los cesares -Constantino- que gobernaba las provincias de la Galia y Britania. Estos hechos, junto a la presión de las tribus germánicas y asiáticas, no hicieron sino aumentar la inestabilidad del Imperio.

Esta creciente inestabilidad llevó a que la imagen de poder del Estado romano y el concepto mismo del Estado empezasen a tambalearse, comenzando a extenderse la sensación de que estaba desapareciendo la protección que hasta entonces el Estado estaba brindando.

Pero el Estado romano continuó exigiendo el pago de los tributos que crecientemente necesita para su mantenimiento, a la vez que aumentaba el reclutamiento de brazos para nutrir los ejércitos que precisaba para la defensa del Imperio. En el campo, columna sobre la que se sustentaba una economía agraria de reproducción simple como la romana, la sensación de temor y el descenso en la cantidad de mano de obra disponible incrementó la debilidad de los colonos y de los propietarios más pequeños.

A su vez, las clases urbanas fueron siendo invadidas por una en aumento sensación de inseguridad por lo que se inició un proceso de vaciamiento de las ciudades y de traslado al campo de muchos de sus habitantes. Los que pudieron compraron tierras, por lo que el poder de los propietarios se incrementó a lo largo del siglo IV.

Pero este poder de los propietarios agrarios no era ya solo económico: al ir en aumento tanto la desprotección de los colonos y pequeños cultivadores como su endeudamiento con los propietarios, fue incrementándose en éstos la sensación de que eran necesarios y de que había gentes que realmente dependían de ellos.

Llegado este punto, la relación entre colono y propietario dejó de ser meramente económica, estableciéndose un vínculo mucho más sólido que el meramente económico. El propietario, lo que realmente estaba dando al colono era protección ante el derrumbe del Estado romano; lo que el colono estaba dando al propietario era una prestación económica, pero a ésta fueron añadiéndose una serie de servicios que el colono fue prestando al propietario.

En cuanto al cristianismo, el triunfo de Constantino significó el principio de su ascenso imparable. Simpatizante del cristianismo, Constantino acogió a cristianos perseguidos por Diocleciano por lo que éstos le brindaron su apoyo incondicional. Inmediatamente después de su triunfo y por el Edicto de Milán (313), los cristianos obtuvieron la libertad de culto; pero ese hecho, lejos de dar estabilidad al cristianismo, le abocó a un período de crisis debido al brusco cambio que le supuso el pasar de ser creencia perseguida a estar legalizado. En este período de crisis también influyó la posición prepotente en que en muchos aspectos el cristianismo estaba derivando al sentirse cada vez más fuerte, lo que dio lugar a la aparición de una fuerte oposición..

Así, la aparición del arrianismo en el 323 como variante del cristianismo que rechazaba la naturaleza divina de Cristo, iba en contra del carácter supra humano que el cristianismo estaba adoptando, por ello el arrianinismo tuvo, con posterioridad, especial acogida entre los pueblos germánicos.

Además, el hecho de que en el 330 fuese trasladada la sede imperial desde Roma a Constantinopla hizo que los papas -máxima figura de la Iglesia- adquiriesen un creciente protagonismo político, convirtiéndose, de hecho, en la máxima autoridad civil de la ciudad de Roma.

En el año 380 el emperador Teodosio (379 - 395) instaura el cristianismo como religión oficial del Imperio lo que llevó a levantamientos cristianos contra seguidores de la antigua religión quedando ésta relegada, (en ello había influido el intento del emperador Juliano el Apóstata (361 - 363), seguidor de corrientes filosóficas neoplatónicas, de reimplantar la religión anterior). El hecho de que el cristianismo pasase a ser religión oficial del estado le confirió características nuevas.

La instauración del cristianismo como religión oficial en el 380 le representó la obtención de un enorme poder al principiar la alianza entre el poder terrenal y el eclesiástico y la politización de la religión cristiana. Pero, por otra parte, el papel del cristianismo en la formación de las bases de lo que sería el futuro Occidente fue determinante al convertirse en salvaguardia del "espíritu" ante la oleada de cambios a que la sociedad se vio abocada tras la desaparición del Estado romano; a ello contribuyó la propia evolución del cristianismo desde una postura en la que pregonaba el hundimiento del mundo con la consiguiente instauración del reino de Dios en la Tierra, a la de trascendencia del hombre hacia el Cielo como lugar exento de miserias.

Con ello, la Iglesia cristiana fue configurando una función ligante entre las fracciones en las que se descompuso el Imperio romano. El vacío de poder creado por el proceso de derrumbe en que entró el Estado, junto al desorden generado cuando éste como tal dejó ya de existir, favoreció la expansión tanto del cristianismo como de la institución eclesiástica, por lo que su vinculación con el atomizado poder político y económico fue una conclusión lógica en la que ambos ganaron.

A finales del siglo IV se habían ya sentado las bases de una estructura organizativo-jurídica con una operativa característica en las relaciones sociales. Al pasar a ser la religión cristiana la oficial del Estado se institucionalizó el vínculo entre lo político y lo religioso; en ese contexto, la figura de la Iglesia pasó a ser básica en las relaciones entre gobernantes y gobernados, entre propietarios y no propietarios, entre señores y pueblo llano. La Iglesia se convirtió en árbitro para la administración del poder político y económico, comenzando ella misma a acumular crecientemente ambos tipos de poder. Será en el período siguiente cuando la importancia de la Iglesia como institución se mostrará con toda su fuerza.

En el 395, Teodosio divide el imperio entre sus hijos Honorio y Arcadio, de modo que al primero le otorga el Imperio de Occidente, y al segundo el de Oriente fijándose la capital de éste en Constantinopla; en este punto, la decadencia del imperio era ya total.

Tras la división del Imperio Romano dan comienzo las penetraciones masivas de tribus germánicas y asiáticas que los romanos no son ya capaces de frenar. A lo largo del siglo V van asentándose con mayor o menos oposición romana estos pueblos en los territorios que componían el Imperio Romano de Occidente; en este comportamiento se dieron tres excepciones: los Hunos, que tras la muerte de Atila retrocedieron hacia el Este de Europa y el Oeste de Asia; Britania, abandonada por los romanos a principios del siglo y ocupada por los Anglos, los Sajones y los Jutos prácticamente sin oposición; la no participación en estas ocupaciones de los Normandos establecidos en los territorios de las futuras Dinamarca, Suecia y Noruega.

Por fin, en el 476, un general germano mercenario de los romanos, Odoacro, obliga a abdicar al emperador Rómulo Augústulo y proclama el Reino Ostrogodo. En este punto se da por finalizado el Imperio Romano de Occidente, dándose por iniciada la época de las Edades Medias. Pero el alcance que tuvo la sucesión de fenómenos que a nivel del mundo entonces influyente y, más en concreto, del occidental, supuso la Crisis del siglo III, fue en la fase siguiente cuando se manifestó con toda su fuerza.

También en China se producen una serie de cambios profundos provocados por la irrupción por el Norte de los Hu, un grupo de tribus de etnia Turca y del mismo grupo étnico que los Hunos, a partir del 265 en que finaliza el Período de los Tres Reinos, y hasta el 419. Este periodo de inestabilidad no finalizará hasta la ascensión de la Dinastía Tang en el 618.

La Crisis del siglo III significó el rompimiento con el pasado, rompimiento que tuvo lugar cuando quienes habían alcanzado el máximo en su evolución, ya no pudieron o supieron realizar un necesario cambio radical en su modelo. En Occidente fue el comienzo de la fragmentación de la unidad que constituía el Estado romano en tres zonas ya absolutamente diferenciadas: Norte de Africa y Oriente Medio, el Este greco-bizantino-eslavo y el Oeste románico-germánico. También en China se dio un retroceso de las capas de población que habían representado hasta entonces la cultura. Lo mismo que en la India, donde comienza un período de transición.

Tanto en Occidente como en Oriente, el cambio se dio a través de la irrupción de modos de hacer nuevos, pueblos nuevos y modos de pensar nuevos; a través de lo que durante mucho tiempo fue definido como las "invasiones bárbaras". El cambio también vino propiciado por la extensión de dos religiones nuevas: el cristianismo en los antiguos territorios del Imperio Romano y el budismo en China.

Del conglomerado nuevo que siguió a las irrupciones exteriores se formaría una nueva estructura a lo largo de los siglos siguientes por la que, lentamente, se fue tomando constancia del concepto "persona" entendido como "elemento socioeconómico" y que fue caracterizador de esa nueva estructura, formada según un modo cerrado y piramidal -defensivo y sedimentador- de considerar la realidad: el Feudalismo.



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2003